domingo, 28 de septiembre de 2014

Rolando Arjona, un maestro duro.

Sin mi tabla de dibujo, hojas en blanco y lápices, crayones, etc., no habría sido posible la crónica visual. Quienes me encuentren en algún lugar dibujando, siempre llevaré esa tabla, a la que he llamado escudo y alfombra mágica.

La Estación de autobuses en Pachuca, Hidalgo
Hace treinta y cinco años cursaba el 2do año de Artes plásticas en La Esmeralda, el Maestro Rolando Arjona Amabilis era el Director y cada año se hacía un viaje de práctica llamado “Campamento” en el que participaban dos alumnos de cada grado y turno, luego de una selección.

Los carros de raspados en Tamatán, Tamaulipas
En una Vidriera en Monterrey, Nuevo León
En la primavera de 1982, una veintena de estudiantes de Arte recorrimos siete estados del Noreste del país para pintar: en cada lugar al que llegamos, había que tomar nuestra tabla de dibujo, papeles y la mochila al hombro con pinturas, pinceles, acuarelas, lápices, gises, agua, un trapito, y nos lanzábamos a pintar o dibujar lo que encontráramos, ya sea paisaje, personas, objetos, el clima, ambientes, sucesos. Lo que cada quien veía, entendía o interpretaba.
En el valle de Piedras encimadas,
cerca de Zacatlán, Puebla
Hicimos entre todos cientos de trabajos durante un mes, cada día entre trayecto y trabajo intenso, con el Maestro Arjona dirigiendo, revisando, criticando fuertemente; a nadie nos gustaba y en general el Maestro no gozaba de aceptación por su manera tan exigente de proceder, pero logró muchas cosas. Nunca había aprendido tanto en tan poco tiempo como en esa gran oportunidad.

El Maestro Arjona inauguró mi Exposición
Quien puso en mis manos mi tabla de dibujo fue Rolando Arjona. Gracias Maestro!
Con Lupita Chew en el Pabilo

Rolando Arjona Amabilis, Mérida, Yucatán, 1920 – Cancún, Quintana Roo, 2014.
qepd.
ver nota luctuosa
El patio de la Casa de la Cultura de Ciudad Victoria, Tamaulipas.
Dibujé los 4 lados, este dibujo se debe colocar en cilindro.

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